ALIMENTACIÓN
Alergia a la proteína de la leche de vaca

La alergia a la leche o, más concretamente, a la proteína de la leche de vaca (APLV) es la alergia alimentaria más habitual en lactantes y niños pequeños. Aunque el tratamiento principal consiste en evitar la leche de vaca en la alimentación de la persona que la padece, recientes estudios apuntan a que esta alergia se puede “curar”.

No es lo mismo tener alergia a la proteína de la leche de vaca que ser intolerante a la lactosa. En el primer caso, el sistema inmunitario de la persona afectada reacciona al entrar en contacto con una o más proteínas presentes en la leche. Percibe esas sustancias como peligrosas y trata de combatirlas, provocando una reacción alérgica.
 

Mientras que en el caso de las intolerancias, el organismo no digiere bien un determinado nutriente. No se produce una reacción alérgica, sino que la persona afectada carece de la enzima lactasa y por lo tanto no es capaz de digerir la lactosa. En este caso, no solo es la leche de vaca lo que les sienta mal, sino cualquier producto que lleve lactasa.
 

Síntomas y tratamiento

Los síntomas principales de la alergia a la proteína de la leche de vaca son erupciones cutáneas, lagrimeo, irritación nasal, tos, diarrea, vómitos o incluso shock anafiláctico si la reacción es grave.
 

Hasta ahora, el tratamiento principal era eliminar de la dieta del bebé o niño la leche de vaca, dándole fórmulas o leches especiales sin estas proteínas de la leche causantes de la alergia.
 

Generalmente, además, esta alergia desaparecía sola en torno a los 4 años, aunque los menos afortunados no la superaban nunca.
 

Sin embargo, recientes estudios han puesto de manifiesto que se puede conseguir antes la adquisición de la tolerancia a la APLV para asegurar así el crecimiento normal del niño. Esto se conseguiría mediante la introducción pautada de leche de vaca a edades tempranas para desensibilizar a los pacientes, es decir evitar la reacción alérgica.
 

Así, un número significativo de niños con APLV que recibieron una fórmula extensamente hidrolizada de caseína que incluía en su fórmula Lactobacillus rhamnosus GG (LGG), adquirieron más rápidamente la tolerancia a la proteína de la leche de vaca (PLV) que aquellos que recibieron otras fórmulas infantiles. En concreto, los niños que no han sido alimentados con una fórmula extensamente hidrolizada que contiene el probiótico LGG no adquieren la tolerancia hasta los 3 o 5 años de vida, frente a los 12 meses que tardan los que sí lo han hecho.