CUIDADOS DEL PEQUE
¡Solo quiere brazos!

Llega un punto en el desarrollo de nuestros hijos en que empiezan a andar solos. Es un momento que supone un periodo de adaptación para ambas partes, que debemos acostumbrarnos a la nueva autonomía del niño.


A partir del año, los niños empiezan a dar sus primeros pasos. Es un periodo lleno de lecciones, caídas y pequeños triunfos en forma de pasos. Además de a cómo andar, los niños empiezan a tomar conciencia de su autonomía en el mundo y de su independencia respecto a sus padres, lo que a veces conlleva un periodo de adaptación para los dos.

 

En este periodo son comunes las rabietas o lloros de los niños pidiendo los brazos de los padres; berrinches que tienen varias explicaciones. Por un lado, se cansan más rápido, sus piernas son más cortas y aún no están del todo acostumbrados a caminar. Por otro, los brazos y el contacto de los padres suponen ese lugar seguro que los niños tanto necesitan. Además, todo se ve mejor desde arriba y la curiosidad de los niños suele ser ilimitada. Todo esto hace que no haya una posición mejor donde descansar las piernas, sentirse seguro y tener las mejores vistas del entorno que en brazos de papá y mamá.

 

El problema está en que la espalda de los padres no es de acero. Los niños van creciendo y la espalda es de las primeras en darse cuenta. Por ello, debemos observar si el niño solo pide brazos ocasionalmente o es algo constante. En el segundo caso hay que considerar cuándo ceder observando si puede estar cansado o pedirlo por simple comodidad. Es por ello buena idea adaptar los paseos para poder hacer pequeñas paradas de descanso de unos cinco minutos.

 

Otra buena idea es entretenerle y hablar con él para que no se centre tanto en ir en brazos. También se pueden crear pequeños objetivos cuando pida brazos, como caminar hasta la siguiente esquina y entonces llevarle un rato. De esta forma aprenderá también el valor del esfuerzo para conseguir sus objetivos.